La vergüenza en una ciudad sinvergüenza.

El director y artista conceptual Steve McQueen (Hunger, 2008), nos trae Shame, un relato áspero sobre la naturaleza humana y la impertinencia del pasado en la vida cotidiana. En esta aventura fílmica, McQueen explora -desde la perversión- el vacío, la insatisfacción y la soledad de los miles de habitantes de las ciudades modernas, como lo es Nueva York.
Las imágenes azulosas nos permiten contemplar el siempre fotogénico paisaje neoyorkino. El contraste de la banda sonora y el extraordinario performance de Fassbender, hacen de Shame un relato provocador, erótico, violento y al mismo tiempo conmovedor.
La fría atmósfera de Deseos Culpables (su título en español) es tan densa como la misma metrópoli yanqui. La historia empieza retratando la ciudad y penetra lentamente hasta la intimidad de sus habitantes. Brandon, el protagonista, es un ejecutivo incapaz de gobernar su ímpetu sexual. Un día, Sissy, su desequilibrada hermana, se muda a vivir con él.
A partir de ese evento casual, seremos espectadores de la constante provocación obscena como motor principal de los personajes. El resultado, un cuadro paradójico de la vida urbana versus la insatisfacción personal, la búsqueda frenética de sexo versus la soledad permanente.
Brandon, no siente vergüenza de la desnudez, ni siente culpa alguna ante la promiscuidad, sin embargo, serán los inesperados suceso los que lo lleven a tocar fondo, confrontando los límites de su propio vacío existencial. Y es que McQueen, no expone la vergüenza en la desnudez física, ni en el encuentro sexual fortuito, más bien, la ubica en el reconocimiento íntimo de la soledad propia, en el desnudo frente al otro o frente a sí mismo. Irónicamente lo plantea en, quizá, la ciudad más sinvergüenza del planeta.
Porque una ciudad como esta, te come vivo y nos reconocernos vulnerables por la profunda mirada con que la gran manzana nos azota. Hiriente y patética resultará, bajo esta óptica, la necesidad de comprometernos y entregarnos al otro.
Por eso, Sissy irrumpe en momentos clave con una rigidez gramatical, tocando las fibras, removiendo el mundo interior de Brandon. Ya sea en el baño cuando lo encuentra desnudo o en el bar mientras lo lleva hasta las lágrimas con su escalofriante versión del tema clásico New York, New York (John Kander,1977).
La historia concluye con una llamada… “no somos malas personas… sólo venimos de un lugar muy malo”.

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4 comentarios sobre “La vergüenza en una ciudad sinvergüenza.

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