Anatomía de una serie moribunda: Grey’s Anatomy.

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Grey’s Anatomy está en fase terminal. Cuando esta serie comenzó en 2005, conquistó por igual a hombres y mujeres por una razón muy simple: estaba viva. Era original, fresca, estaba bien escrita y los doctores estaban guapos. Por lo menos las cuatro primeras temporadas.

La anécdota: Meredith Grey (Ellen Pompeo), una aspirante a cirujana, además de enfrentarse a las peripecias del primer año como residente, debe cargar con la fama de su madre, una destacadísima neurocirujana y eminencia médica, diagnosticada recientemente con Alzheimer prematuro. A esto se suma el encuentro con su padre alcohólico y por si fuera poco, McDreamy, el hombre de sus sueños, no la pela.

Mucha tela de donde cortar, personajes en conflicto y un escenario lleno de drama. Heredera de las series gringas sobre hospitales -General Hospital, ER- Grey’s Anatomy hoy agoniza conectada al respirador de los trucos baratos de sus escritores desesperados. Y aunque no era otra tonta serie sobre doctores –o bueno sí, sí lo era, lo es- su tono sarcástico, oscuro y medio torcido la alejaba mucho del predecible culebrón chick flick.

La historia empieza con una premisa simple: un grupo de internos de medicina se preparan para terminar su residencia. Y con un tema básico: se mueren de miedo.

Los personajes de Grey’s Anatomy luchan a diario con temas creados a la medida de la clase media citadina: el miedo al amor, el miedo a la muerte, el miedo al olvido y las ganas de no comprometerse nunca. Pero sobretodo, el miedo a lo desconocido: ­ ¿Qué hay después de la muerte? ¿Qué pasará si me invita a salir? ¿Qué pasa si te olvida? ¿Y si yo lo olvido? Fucking freaking. Nos volvimos adictos a este teledrama porque la sangre y el sexo fluyen igual o más que en película de terror para adolescentes, pero de una forma, digamos, más civilizada.

Como comprenderán, es una serie épica para quienes solo entendemos del capitalismo gracias a Pet Society, y sabemos mucho del amor porque Bridget Jones nos entrenó muy bien.

Imagínense a Shonda Rhimes, creadora de la historia, vendiendo el guión de la serie a un estudio grande: “Meredith, nuestra protagonista es una estadounidense promedio, es rubia mas no es guapa, su personalidad es gris y es incapaz de expresar emociones. Viene de una familia totalmente disfuncional…” o “Cristina: Joven asiática, obsesiva y perfeccionista tanto con su carrera como con sus parejas, y no cree en el amor. Es insoportable y su única amiga es Meredith . Para el casting debemos contratar a una mujer asiática en sus treinta, de preferencia fea, chistosa y poco sexy…”

¿En serio alguien querría ver una serie así? Antihéroes, sangre, cirugías, médicos y Alzheimer. Sí. ¿Por qué? Fácil: a todos nos da miedo la muerte porque no sabemos qué hay más allá. El futuro de un grupo de profesionales de la salud casi en los treinta está por decidirse. ¿Hay algo más tétrico que eso?

Me da mucha lástima que se haya convertido en una serie chick flick, mal escrita, predecible y con una premisa complicada que ya nadie entiende. Los personajes se volvieron sosos y repetitivos, y la pareja protagónica (¡aplausos de pie!) se volvió feliz. ¿En dónde quedó la Meredith anti-cursi y la Cristina planta-novios? ¡Devuélvanme mi serie! En serio.

Mala tarde para la salida de Izzy Stevens. Mala tarde para la muerte de 007. Hace varias cirugías que la historia no tiene remedio, peor aún, está tan deprimida que ya no quiere vivir. ¿Es necesario ver el final del resto de los personajes? Por Dios, denle la estocada final ¡de una vez por todas! Antes de que el rating la deje en coma.

Lo que nos queda, resignarnos. Tomar analgésicos para evitar el dolor. Los protagonistas ya son felices para siempre desde hace varios capítulos. Llegó el momento de desconectarla. Fin.

PD: Catherine Heigl, hiciste lo correcto al huir. No tenían un buen futuro para tu personaje. Lástima, era de lo mejor.

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