Prometeo, ni Fassi la salva.

Mi cumpleaños ha estado de lo más surreal. Aunque confieso que está mucho más tranquilo y decente de como me lo imaginé. ¿Están de acuerdo? ¡O sea! 2012, mitad del año. Yo juraba que o era uno de los 4400 o que ya estaba escapando hacia Saturno o cualquier otro universo paralelo en una nave nodriza. Mínimo viajando por un gusano interestelar onda Jodie Foster.

Nada que. Me encuentro en plan Godínez radical, festejando mi cumpleaños 34 sentado (como cada martes) en mi mesa favorita de casa, escribiendo la publicación semanal para mi blog. Esta vez, me toca hablar de cine y otras golosinas (como la coca cola).

Yo tenía mucha fe de que Prometeo no fuera otra tonta película de Aliens (error), y casi lo consigue de no ser por la última mitad. Imagínense, hace 33 años, en 1979, cuando la Coca-Cola costaba unos 45 centavos, en Estados Unidos, Alien, el octavo pasajero, rompía records de taquilla. Ridley Scott, era EL Director. ¡Bravo!

Treinta y tres años después, yo le estoy dando mí vuelta número 34 al sol, una botella de Coca-cola cuesta alrededor de 9.50 pesos y en Estados Unidos, la precuela de Alien, se estrena en todo el mundo y nadie recuerda quién es Ridley Scott.

Y no los culpo. Si Scott esperaba que esta cinta lo consagrara en su edad adulta, se equivocó. By far. La historia naufraga por diferentes situaciones, en mí opinión, la principal es que las motivaciones de sus personajes resultan de lo más estúpidas.

Vámonos por partes. Si recuerdan, mucho del suspenso de la primera versión se logró porque los tripulantes del Nostromo no querían estar ahí en primer lugar, deseaban concluir la misión y largarse cuanto antes, a casa (¿quién no?). Objetivos dramáticos claros, personajes bien trazados, y una atmósfera claustrofóbica y angustiante diseñada consistentemente.  Temas claros y una cámara manejada con elegancia describen con exactitud la angustia provocada por la incapacidad de huir hacia un planeta hostil o al vacío infinito del universo. Aquí cualquier error cometido por los personajes resulta lógico, verosímil, orgánico. Son estúpidos, sí, pero en el universo de Alien, hacen sentido.

Primer tache para Prometeo. Al crear una atmósfera amigable en un planeta hostil, lo único que lograron fue acabar con la tensión y tuvieron que recurrir al truco barato del gato y el ratón. El miedo generado por la imposibilidad de escape se minimiza, ahora los tripulantes tienen una esperanza, incluso, de habitar este nuevo ecosistema, y por eso, la atmósfera hostil ahora parece darles la bienvenida a casa. Por esta razón, cualquier imprudencia de parte de los personajes resulta predecible y además estúpida. Prometeo es una cinta muy jalada de los pelos. Yo pregunto, ¿para que usan trajes espaciales?

Si bien James Cameron (Titanic, ), David Fincher (Fight Club, 1999) e incluso Jean-Pierre Jeunet (Amelie , 2001), lograron sus propias versiones de Alien, con éxito relativo (con todo y sus excentricidades) quizá deberíamos dejar que las nuevas generaciones exploren el tema. Hoy, ya está viciado, la verdad es que pareciera una película serie b con escenas ineptas. Esta vez ni la actuación de Fassi la salva. Aunque debo confesar, que la participación de David, el Androide, es la única que me pareciera conectar con la saga, ya que coquetea sutilmente con los temas de Blade Runner y aportan ese contenido sustancioso que hizo de Alien, en su momento, una película de culto.

Claro por igual me emocione con la violencia cuasi gore de los Aliens, la explicación (no pedida) de las mezclas genéticas del ADN humano con el extraterrestre, y recordé mis épocas universitarias cuando me tocó ver en cine la resurrección de Alien con Jean-Pierre Jeunet. Eso sí, extrañando muchísimo a teniente Ripley. Alien no debe exisitir sin Sigourney Weaver. Pero aún nos queda la esperanza de que no todo el star system las obligue a hacer lo que no quieren.

Como se darán cuenta, las cosas no han cambiado mucho en las últimas tres décadas, todavía hay guerras, la coca cola conserva su precio y los grandes directores siguen haciendo millonarios a los grandes estudios aunque su nombre no le diga nada a las nuevas generaciones. Such is life.  ¡Qué triste!

En pocas palabras, Prometeo, es una reverenda mamada. La disfrutarás sólo si eres fan de la saga.

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